La leyenda de Tlachihualtepetl
Todo era orden y armonía en la meseta del Anáhuac, en una época que se pierde en la historia, que solo la grandeza de Xelhua* se ha logrado conservar en la memoria de los abuelos. Xelhua, Ulmecatl, Mixtecatl, Chichimecatl y Tecpanecatl eran hermanos. Eran seres especiales, los elegidos de los dioses, eran gigantes; sus corpulentos cuerpos, su fuerza, pero más su sabiduría, los hacían respetables entre los macehuales, quienes obedecían ciegamente sus órdenes, el favor de la creación era para ellos por su veneración a los dioses, porque su figura era tan grande como su sencillez, por eso fueron elegidos. Ante tal portento del cielo, comenzó a prepararse la intriga, hombres con las venas llenas de envidia comenzaron a sembrar en los corazones de los macehuales la cizaña de la rebelión y las punzadas de los cardos comenzaron a mover el encono para acabar con Xelhua y sus hermanos; no obstante, tales hechos no permanecían ocultos a los ojos de los dioses y decidieron proteger a sus hijos predilectos acabando con los hombres de la región, que eran incapaces de comprender las decisiones de los guardianes de la noche.
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| Imagen actual del Tlachihualtepetl |
Estaba a punto de concluir otro ciclo de 52 años y Xelhua y sus hermanos se preparaban para llevar a cabo la ceremonia del fuego nuevo, comenzaron las celebraciones de los días aciagos y los cinco hermanos guardaron penitencia, elevaron sus ritos y sus cánticos en honor de Nepalmohuani "El Dador de la Vida" al llegar al quinto día, el cansancio de la penitencia los venció y tuvieron un sueño revelador en el que los dioses les ordenaban acudir a la montaña de Tláloc, donde llevarían sus ofrendas, también soñaron que caería un terrible diluvio que acabaría con la insolencia de los macehuales.
Así, al amanecer, el trino del cenzontle los acompañó por las veredas del camino embelleciendo los cantos religiosos que ofrecían a sus dioses. Aquellos hombres que entregaban su confianza al Tloque Nahuaque "Señor del Cerca y del Junto". Las nubes del cielo empezaron rápidamente a congregar, de tal manera que cuando los hermanos presentan su ofrenda en el interior de la montaña de Tláloc, comenzó a caerse el cielo en forma de enormes serpientes venenosas que anegaban todos los alrededores haciendo pagar muy caro el haber querido atentar contra la vida de sus hijos predilectos.
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| Maqueta del Tlachihualtepetl dentro de la Gran Pirámide |
Al terminar el diluvio, un rayo de luz anuncio a Xelhua y sus hermanos que toda amenaza había sido limpiada por el poder de los dioses, quienes les ordenaron que al salir siguieran por diferentes rumbos para pregonar la grandeza y el poder de sus protectores divinos.
Como el prestigio de Xelhua había volado más allá de las fronteras del Anáhuac, por donde quiera que pasaba la gente lo aclamaba y lo seguía, y así llego cerca del valle Cuetlaxcoapan y al ver el cerro Zapotecas recordó a la montaña de Tláloc y contando su hazaña a sus súbditos, quiso recrear las campiñas con una montaña más grande que el Zapotecas para honrar la memoria de Tláloc, así que ordeno a los tlalmanalcas elaborar infinidad de adobes que fueron armoniosamente colocados para dar forma a la montaña de Tláloc, pero al ver que la obra cada día amenazaba con igualar la obra de los dioses quisieron castigar la vanidad de Xelhua y mostrar su descontento; estaban tan apurados los tlalmanalcas en su labor, que no tuvieron la oportunidad de escapar, porque se quedaron aturdidos con el estruendo del rayo devastador que cayó como una enorme roca en forma de sapo, frustrando la magnífica labor y los sueños de Xelhua.
Desde entonces, en la Gran Tollan Cholollan existe el Tlachihualtepetl o "Cerro Hecho a Mano" que quedo como huella indudable de la fundación de Cholula, por el mítico Xelhua, quien cumpliendo con la encomienda de sus dioses, fundo los pueblos Acatepec, Chalchihuapan, Atlixco, Cuauhquechollan, Itzocan, Ayotlan, Epatlan, Teopantlan, Ixcaquixtlan, Tehuacán, Coxcatlan , Teotitlan, etc.
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| El Tlachihualtepetl, maqueta en el museo INAH, en Cholula. |
*Los Vixtoli o la raza gigante, se cree, aunque no hay mucha información al respecto, que fueron los primeros habitantes que llegaron a asentarse a la zona de Cholula, provenientes del valle de Tlaxcala. De acuerdo con las leyendas, eran hombres de gran tamaño, aproximadamente el doble de tamaño de los habitantes actuales. Son mencionados en el libro sagrado de los mayas, el Popol-Vuh, el cual se refiere a ellos como Tzocuillixecos (Gigantes). Historias Tlaxcaltecas hacen suponer que algunos de estos Tzocuillixecos sobrevivieron hasta antes de la llegada de los españoles, uno de ellos es el guerrero tlaxcalteca Tlahuicole “El de la divisa de barro”, quien fue famoso por su extraordinaria fuerza y valor. Se cree que la hambruna ocasionada por las erupciones del volcán Popocatépetl fue la causa de que estos gigantes mermaran su población hasta casi exterminarlos.
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| Patio lateral de la Gran Pirámide |
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